galerie notas postRuralScapes

aniaraRural                                                                                                 Photo Cristian Espinoza CC BY 2.0

Antes

En abril de este año tuvimos un momento de efervescencia en la residencia 0Camp-Antropocene or not? Durante una semana nos encontramos en Nantes y flotamos en el Lieu unique varios de los residentes que durante los primeros 6 meses de este 2015 trabajamos por separado, en mi caso sobre Transmutación de Base, el mismo proyecto que traía a RuralScapes. El Eucalipto, el tremendo texto Staying with the trouble: Sympoièse, figures de ficelle, embrouilles multispécifiques de Donna Haraway, Byron el perro que acompaña a Maja Smrekar y el compromiso político feroz y alegre que Jonh Jordan e Isabelle Fremeaux tienen con lo vivo, se metieron en mis maletas antes de viajar a la fazenda Santa Teresa.

Para mí RuralScapes era hacer comunidad efímera y afín, estaba influenciada por el libro “Los Senderos de la Utopia” escrito por Jonh e Isa1. Se trata de un libro donde prima la conciencia de nuestra responsabilidad en la crisis ecológica actual y que lejos de glorificar una utopía lejana, perfecta y a futuro, nos lleva a recorrer experiencias europeas de comunidades anticapitalistas, defectuosas, vivas y complejas que resuelven, cada una a su manera, el entramado asfixiante y triste de nuestras ciudades y sus modos de vida estandarizantes.

Mientras leía el libro, resonaba en mi cabeza una conversación había tenido con Isa sobre el proyecto comunitario que ella, John y varios de sus amigos empezaron hace un par de años “El campo es muy duro, hay demasiado trabajo y después de dos años de habernos instalado en Bretaña nos damos cuenta que somos urbanitas y que se nos está acabando la luna de miel, ahora el proceso es otro”.

Ahí

Últimamente esto de la utopía me persigue, unos meses antes tuve la oportunidad de explorar las nociones de utopía, comunidad y red tomando como pretexto la colonia de Monteverita y en mi delirio ficcionado terminé en Brasil gracias a un mix salvaje de los manifiestos Cyberpunks en digestión de manifiesto antropófago2. Adoro los pastiches y este terminó siendo adivinatorio, porque era exactamente eso lo que sucedería en esas dos semana de residencia: todo se me iba a mezclar, me iban e iba a digerir, a grotesquisar y partes de mí serían alegremente vomitadas mientras bebía la sopa de esos días. Por suerte.

Llegué a la Fazenda con ganas de luna de miel. Con miles de actividades imaginarias para hacerme feliz. Como una mata de invernadero transplantada en nueva y negra tierra. Con todos mis clichés del campo verde y lleno de plantas aromáticas que harían de mi proyecto un jardín del edén. Miraba a mis compañeros de aventura como si fueran abono para mi proceso. Todo eso se parecía demasiado al retiro espiritual sin crisis, a la villeggiatura…

La casa es linda y cómoda, el campo es bellísimo y salta a la vista que Rachel y Rafa han trabajado apasionadamente en este proyecto. Dona Cida es una maga que nos nutre y cura; los productos que ella transforma son dados por la tierra que rodea la cocina. Ze minero -quien se ocupa de la finca- va distribuyendo conocimiento y apoyo con rudeza y alegría. Mientras duró la residencia no toqué ni un solo billete o tarjeta o lo que sea que represente dinero3. Me convertí por fin en una buena salvaje.

¡Qué maravillosas condiciones para el fracaso de mis proyecciones! Hablo de post-antropocentrismo y no paro de querer orquestar todo lo que me pasa. Por suerte la Fazenda Santa Teresa rápidamente me mostró que es un campo de producción bobina, bien integrado en un sistema económico que exige un tipo de relación particular con los animales, con los empleados y con el paisaje, y que las exigencias de productividad, cualquiera sea su escala, determinan el territorio y lo que allí sucede.

Nosotras

Sin tener que gestionar ninguna parcela prosaica de nuestra vida, nos dedicaríamos al lujo extremo y a la terrible responsabilidad de hacer arte. Estábamos en un florido tiempo para la creación. La clave era dejar fluir la investigación y hacer eco en la vida que allí hierve, con los otros humanos y con nuestros propios límites. Casi nada.

Cada uno de mis compañeros estaba muy comprometido con su proyecto y todas teníamos plena conciencia del privilegio, tal vez por ello el tono de la residencia era tan alto: El ambiente estaba cargado de electricidad afectiva, sin manierismos y bastante desnudo. Fuimos capaces de contener y de desbordar. Hubo excesos, fatigas y endorfinas, un constante flujo de contaminaciones e intercambios.

Las conversaciones giraban fácilmente entre las reflexiones teóricas, las dudas técnicas frente al propio trabajo, las crisis, las euforias creativas y no tanto, así como los odios que unas y otras hemos acumulado y que nos constituyen. Ante tal nivel era importante la red de apoyo que cada día tejíamos en medio de las caminatas, los masajes, el yoga y el kung fú, las colaboraciones, los achaques y la cachaça que destila Roberto en Arellas.

Procesando

Tal vez evitando forzar o romper la simplicidad de la comunicación, fuimos un poco menos hábiles a la hora de crear espacios de diálogo más estructurados sobre nuestros procesos de trabajo. En las dos semanas que duró la residencia, solo una noche nos reunimos todos alrededor de la mesa en ejercicio descriptivo y reflexivo, fue un momento de gran interés, donde comprendí una serie de elementos que flotaban por ahí tanto en relación con mi proceso, como en relación al proceso de los otros.

Un único evento de este orden me parece sintomático, como si de alguna manera no hacer el esfuerzo de comunicar a otrxs lo que nos hace pensar en nuestras exploraciones, subestimáramos los procesos de investigación inherentes a las prácticas artísticas experimentales y transdisciplinares.

Pareciera que olvidamos que casi siempre nuestras exploraciones, por su empirismo y rigor creativo, arrojan luz sobre el vasto campo del saber demasiado colonizado por quienes piensan que “hacer” se opone a “abstraer”, que pensar requiere una técnica específica o que verbalizar lo que se hace, es de alguna manera matarlo. Tengo la impresión que así contribuimos a que la investigación en arte se quede en conocimiento menor, sin mesurar que su ausencia solo contribuye a disminuir los relieves del pensamiento, a que el mundo sea más plano, menos rico en singularidades.

Por otra parte, en nuestro agarre con las tecnologías, terreno común a todos los artistas de esta edición de RuralScapes, pareciera que -a pesar de que todos hablemos de hackear, y aunque el uso que hacemos de las tecnologías sea marginal, DIY o zombie4– nos asustáramos y no tuviéramos ganas de estructurar y tomar la palabra para decir algo más que eslóganes, en vez de nadar hondo y ser intensos en eso de alborotar la ciencia, la academia, la filosofía, la escritura. Otro prejuicio, que como todos, cierra fronteras y no solo las del arte.

Por suerte Rachel y Rafa han imaginado talleres y días de Fazenda Aberta creando fisuras en este dispositivo de investigación-creación que es RuralScapes. Estos accidentes rompen y dan ritmo al necesario pero peligroso ensimismamiento en nuestra vida de residentes. De manera espectacular los 3 días de Fazenda aberta y los talleres realizados en San Jose do Barreiro -con su anárquica abundancia de niños y abuelos, vehículos de deseo y tremendas experiencias de alteridad- nos obligaban a cuestionar nuestros saberes y modos de recepción y transmisión. A ellos debemos agradecer el habernos permitido ver lo difícil que resulta no transformar una muestra de proceso en espectáculo o en demostración de proeza técnica, o mutar la experimentación que supone hacer un taller, en paradigma.

También estaba Manu registrando con su cámara y seduciéndonos con su aguda sonrisa y sus preguntas, y Ananda, quien con su diálogo individual con cada artista y su rol de crítica en residencia estimulaba y recopilaba los fragmentos que dejábamos caer. Luego vino Luciana a cuestionarnos cuando ya estábamos en etapa avanzada de nuestro proceso invitro, trayendo con ella aire de afuera, desenmascarando micropolíticas y estrategias de creación en situación de laboratorio. Ellas dando luz y desequilibrando los saberes que los artistas parecemos esconder como si fuera un tesoro que se desvanece en contacto con xl otrx o, por el contrario, un subproducto vergonzoso que puede sembrar dudas sobre la calidad de nuestra obra, pues es bien sabido en las lógicas binarias que nos matan, que los artistas crean, no piensan…

Accionando

Entre mi veleidad de buena salvaje, las ganas de tomarme utópicamente todo el oxígeno que me falta en la vida de ciudad y la ambiciosa pretensión de devenir planta, encontré en la huerta de la casa el lugar que determinaría mi trabajo.

Desde el primer día caí rendida ante la nostalgia de los limones-mandarinos de mi infancia que explotaban en el primer árbol que te encuentras al llegar al huerto. Y aun sabiendo que las moléculas odorantes del limón prefieren liberarse bajo la presión a frío de sus cáscaras y no con el vapor condensado de la destilación, decidí trabajar con él. Es un olor que asocio al trópico, a lo híbrido, que me relaja, abraza, refresca y me hace salivar.

El segundo árbol escogido era un Mango joven y poderoso, bien instalado junto a la corriente de agua que bordea el huerto. Adosada a su tronco estaría los siguientes 15 días. En él Instalaría mi máquina de olores, y el Mango sería perfumado con el olor de los frutos del limonero vecino.

Con esta superposición quería hacerle un guiño a la noción de realidad aumentada tan manida gracias a los teléfonos celulares y otros lentes que acumulan una simulación pixelada sobre otra realidad pixelada, pero también era un primer intento de poner en evidencia una de las ideas que deseaba explorar: que una cosa está siempre ligada a otra cosa, ¡Lo cual no quiere decir que todo este ligado a todo!5

Ahí estábamos, árboles, líquenes, pedazos de plástico, agua, metal, olores, gallinas, compost, perros, artefactos, viento, fuego, yo y algunos otros humanos. Diversos cuerpos a diversas escalas para generar un ecosistema jardín temporal.

Árbol-Danza

Un árbol de mango. Sus raíces superficiales como un tronco rastrero habitado por insistentes y despeinadas plantas. Sus ramas salpicadas de bromelias. En estos días quisiera ser para este árbol como una de ellas, plantitas despeinadas, rizomatosas o estoloníferas. Engalanarle más que parasitarle. Coexistir. Pero premedito, pretendo. No sé hacer de otra manera. Observo, pero no sé muy bien cómo hacerlo. Demasiada estabilidad disfrazada de inmovilidad. Deseo decir que el árbol no se mueve y miento, soy idiota. Me siento limitada por habitar un cuerpo reducido, pobre.

Gravedad y presión de los líquidos que por él circulan. Imaginar, tratar de sentir el tránsito del líquido cefaloraquídeo subiendo y bajando por mi espina dorsal. No sentir nada, ser incapaz de cualquier analogía entre el cuerpo del árbol y el mío. ¿Cómo evitar sentirme cómoda cuando veo una rama que me hace pensar en la forma de mis vértebras? No mover la cabeza mientras observo la flor roja en la copa de ese árbol. Ser dura y leve, quebradiza y flexible. No exagerar el roce del viento sobre mi nariz. Imaginar que hago esto durante 12 horas seguidas.

Crecer hacia abajo y hacia arriba. Eso se supone que lo entiendo. Crecer al mismo tiempo entre la tierra: dulce, fina y persistentemente. Crecer hacia arriba penetrando el aire: dándole duro y dejándose, dejándole espacio. Abrirse al máximo para tragarse el sol. Ser rodadero y ascensor del agua, ella que va y viene cambiando de estado en permanencia.

Fuego-Danza

En transmutación de base tener problemas con el fuego es algo serio y eso es lo que me pasa. Es apagar el sol que determina el ciclo del agua e impedir un proceso de destilación como el que deseo hacer. En consecuencia tengo dificultades con los aromas que están ausentes siendo ellos el alma de mi jardín. Es como si el jardín que imagino se hubiera inundado. Nada más al empezar, mi naturaleza entra en crisis. No me obedece. El viento sopla demasiado fresco y mis pobres lumbres no calientan nada los balones de destilación. Los días pasan y las cáscaras de limón empiezan a pasar de naranja oscuro a verde raro. Nada huele y sin olores mi cuerpo se petrifica aun más.

Aparecen los amigos y Cristián me recuerda que en este proyecto la alquimia o la brujería no son solo referencias a ciencias denostadas, que el dispositivo mismo de la instalación hace referencia a estas prácticas. Juntos repasamos dibujos y textos que nos recuerdan que no hay alquimia sin horno alquímico, ni brujería o chamanismo sin fuego sagrado.

Entonces en vez de dedicarme a trabajar desde mi cuerpo en relación con los olores de las plantas, tengo que mezclar agua y tierra. ¿El fuego me está obligando a enraizarme? ¿A echar raíces? Exploro metiendo las manos dentro del barro y la boñiga. No meter los pies, no plantarme ni enterrarme, tratar de penetrar la tierra como si mis dedos fueran raíces, luego solo dar forma y sacarlas. ¿Qué es esta orgía de elementos que me obliga a invertir mi pobre geografía antropomórfica?

Alien(s)

Los días pasan y en contacto con las señoras que vienen al taller vuelvo a sumergirme en una gran variedad de plantas medicinales y aromáticas, en el amor que circula entre las plantas y las señoras y en las relaciones que se tejen entre esos cuerpos vegetales y humanos. Dejo el limón en el limonero y ahora quiero traer al árbol de Mango, plantas poderosas de la farmacopea local. Pero las plantas con las que trabajamos en el taller viven en sus huertas en pequeñas cantidades y en el huerto de la fazenda no hay muchas. Tampoco es fácil encontrarlas en estado silvestre, Santa Teresa es en una finca que nutre animales, sobre todo vacas y cabras. Aquí la vegetación está a su servicio y el pasto Brachiaria de origen africano reina con su enorme biomasa, consumiendo mucha agua, compitiendo y ganando territorio sobre la flora endémica.

En los alrededores hay Eucalipto, enormes bosques de Eucalipto. Árbol rentable para la industria papelera y para el floreciente negocio del Green Washing y sus plantaciones de Eucalipto-Créditos carbono. Igual que cuando estuve en Corunya y Maïté me enseñó que si bien los bosques de Eucalipto estaban deteriorando seriamente la costa Gallega, este árbol cura, calienta y crece donde nada más puede hacerlo.

Actualmente el Eucalipto es la especie de árbol más plantado en la superficie terrestre. Lo hemos puesto por casi toda la tierra para pillar y colonizar, lejos de su Australia natal, donde a ningún aborigen al integrarlo a sus artes, medicinas y rituales, se le ocurrió llamarlo árbol del capitalismo.

Un Alien, un extranjero, un migrador, un esclavo, un transplantado. Por eso debe ser que desde que empecé a trabajar sobre el terreno con Transmutación de Bàse el Eucalipto no cesa de aparecer y de hablarme. Solo con su presencia cualquier paisaje que evoco pasa de local a global. Con él entramos al jardín del próximo futuro qué no es aquel que bajó del arca de Noé por parejas para garantizar diversidad y repoblar la tierra con cada especie posible salvada de las aguas. Hoy nuestros mitos excluyen dioses patriarcales, soluciones binarias y hombres que orquestan, pues “lo humano como humus tal vez tiene futuro, si en verdad podemos cortar y picar lo humano como Homo”6.

Danza

Que el árbol de Mango acoja hojas y olores del Alien, que de la tierra que lo nutre salga fuego, que el agua suba y haga figuras con hilos, juegos de hilos, líneas y líquidos. Que el árbol de Mango lo viva como un homenaje. Que haya mezcla postapocalíptica, distópica, nuevas poéticas, alegre desorden imposible.

¿Acaso se deja un Alien instrumentalizar, controlar, colonizar separar? NO. El Alien nutre la revuelta, la agitación, la protesta. El Alien se alía. Acciona, mira para abajo y a los lados. Siderante y maravilloso paisaje. Pensar, amar, encolerizarse, cuidar. Alien, vida entre las ruinas.

Aniara Rodado

2015

1John JORDAN, Isabelle FREMEAUX « Les sentiers de l’Utopie », Éditions La Découverte, 2011

3“El tema de la codicia, la auri fames renacentista es un topos de la literatura reformadora utópica­ de la época. La avidez, que hace del dinero la medidade todas las cosas, es estigmatizada por Moro detenidamente en el primer libro de Utopía. En el dar las primeras noticias sobre las poblaciones americanas Pedro Mártir de Anglería expresa su esperanza de que hayan sido finalmente halladas gentes capaces de vivir «sin el pestilente dinero» CANTU Francesca. América y utopía en el siglo XVI, pag 65-64. Cuadernos de historia Moderna 3, 2002 Universidad de Roma Tre http://ww7.fr/e3df

4 Garnet Hertzand Jussi Parikka. Zombie Media: Circuit Bending Media Archaeology into an Art Method. https://www.academia.edu/1182981/Zombie_Media_Circuit_Bending_Media_Archaeology_into_an_Art_Method

5A propósito de esto ver T. Ingold, Lines, a Brief History, Routledge, 2007,

6 Haraway Donna Staying with the trouble : Sympoièse, figures de ficelle, embrouilles multispécifiques. Proximo a publicarse

Aniara Rodado -< básica transmutación #labRes2015 from ARCHIVOS/rural.scapes on Vimeo.

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